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La realidad siempre fue una versión editada

La realidad siempre fue una versión editada

Hoy vemos cómo la realidad se está distorsionando por la inteligencia artificial, pero creo que esta distorsión existe desde mucho antes. Incluso se podría decir que siempre ha existido.

Los grandes medios de comunicación siempre han tenido una gran habilidad para manipular una historia: omitir detalles o contar los hechos desde un punto de vista que les conviene.

El problema es que la propia historia de la humanidad está infectada por esto. Hay una frase muy popular que dice que “la historia la escriben los ganadores”, y justamente es cierta. Solemos escuchar las historias de éxito porque, en muchos casos, es lo que nos inspira e impresiona.

Quien gana una batalla, recibe un premio o logra construir un emprendimiento exitoso termina siendo escuchado. Queremos entender cómo llegó hasta ahí porque creemos que podemos replicar ese éxito, como si cada historia fueran instrucciones simples, cuando ya hemos hablado de que muchas veces todo depende de la suerte.

Algo que ignoramos es que, cuando alguien cuenta su propia historia, también decide qué mostrar, qué ocultar y qué exagerar.

A veces lo hace para que la historia sea más interesante, pero muchas veces es para protegerse o evitar detalles y preguntas innecesarias que podrían exponer sufrimiento o una realidad que haría su historia menos llamativa.

Al final, muchos detalles se pierden, se modifican o se acomodan.

Por eso digo que siempre hemos vivido dentro de una realidad construida: una versión editada de los hechos, como uno de esos filtros que te pones en Instagram o TikTok.

La gran diferencia hoy es que la inteligencia artificial, especialmente en el medio visual, crea un estímulo mucho más fuerte para nuestro cerebro. No es lo mismo leer una historia que ver un video de unos segundos que parece confirmar los hechos solo por haber sido “grabado”.

Esto representa muy bien el dicho “una imagen vale más que mil palabras”, solo que, aún peor, un video está compuesto por decenas de imágenes.

Históricamente, manipular un medio audiovisual ha sido difícil, mientras que manipular un relato era bastante sencillo: bastaba con cambiar el enfoque, elegir ciertas palabras u omitir contexto.

Hoy ya no solo es muy fácil alterar un relato, también se puede fabricar evidencia visual para acompañarlo. Aunque muchos podamos identificar contenido generado por IA, hay que admitir que cada vez es más difícil. Esto hace que la mentira tenga una fuerza mucho mayor y nos obliga a pensar que, por defecto, todo podría no ser cierto.

Aunque siempre hemos tenido relatos manipulados, medios sesgados e historias incompletas, hoy esas versiones en formato audiovisual generan una credibilidad tan intensa que nos impide cuestionar la realidad en tiempo real.

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