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La IA se volvió parte de mi vida

La IA se volvió parte de mi vida

Tengo una confesión que hacer: ya no hay forma de vivir mi vida sin IA. Se volvió algo fundamental. Y ya sé lo que algunos están pensando: “¿y este qué curso nos va a vender?” 🙃. Afortunadamente no vengo a venderles nada; esto va por otro lado.

Lo que quiero contarles es por qué probar estas herramientas temprano se volvió tan importante para mí. Siempre he tenido la fortuna (o la terquedad) de que me gusta genuinamente probar cosas. Muchas veces alguien me decía “¿para qué pagas ChatGPT si tienes Copilot gratis?”, y mi respuesta era que pagar no es el problema. Si quieres ser early adopter, tienes que probar, y una suscripción de 20 dólares que puedo cancelar cuando quiera no me va a dejar en la ruina. La pregunta nunca fue si valía la pena pagar eso para siempre, sino qué podía aprender si lo probaba antes de que todo el mundo lo adoptara. Y ahí fue donde la IA empezó a cambiar mi forma de trabajar y de vivir.

Uso la IA principalmente para dos cosas: el trabajo y la vida cotidiana. En ambas el impacto ha sido enorme.

La IA en el trabajo

En el trabajo ya casi nunca escribo código desde cero. No quiero decir que la IA haga todo por arte de magia ni que uno pueda apagar el cerebro, pero la forma de programar sí cambió: mi trabajo ahora es más describir lo que necesito, revisar lo que la herramienta propone, ajustar, probar, corregir y volver a iterar.

Y para empezar no necesitas ser “prompt engineer” profesional ni hacer tres cursos con certificado. Solo tienes que usarla. Con el uso vas entendiendo qué te funciona, qué no, cuándo confiar, cuándo revisar con lupa y cuándo decir “no, esto está mal, hagámoslo distinto”. También se necesita paciencia: la IA no siempre te hace el 100% del trabajo, pero puede hacer un 70, 80 o hasta 90% según el contexto. Y ese porcentaje restante rara vez es “hacerlo a mano” desde cero; es más bien masajear el resultado, ajustar detalles, pedir una versión mejor, escribir tests o revisar casos borde. Eso ya es parte normal de mi flujo.

Llevo un buen rato en esto. Conozco gente metidísima, con montones de agentes, automatizaciones y flujos muy avanzados; yo no llego a ese extremo (también tengo una vida), pero sí me voy adaptando cada vez más. Herramientas como Cursor y Claude Code se volvieron centrales en mi forma de programar: Cursor lo uso para trabajo más detallado, porque ayuda a planear, escribir y revisar código, mientras que Claude Code lo uso para tareas completas, revisando y refinando su planeación según el caso. Aunque a estas alturas ambos hacen prácticamente lo mismo, así que cualquiera de los dos, o alternativas como Codex, funciona perfecto.

Eso sí, hay un contraste grande entre lo personal y lo empresarial. A nivel personal esto es una locura: puedes probar lo último, instalar cosas, romper tus propios proyectos, equivocarte y volver a empezar sin mucho protocolo. A nivel empresarial la historia es distinta, porque las compañías tienen restricciones de seguridad, privacidad, compliance, permisos y licencias, todas válidas. No es lo mismo usar IA en un side project que dentro de una empresa con datos sensibles, clientes y responsabilidades legales, así que en el trabajo las cosas se mueven un poco más lento. Tiene sentido, y aun así el cambio ya se siente.

La IA en los proyectos personales

El segundo gran caso de uso es mi vida personal, y ahí entran los side projects. Tengo un montón de proyectos por ahí, no necesariamente abandonados (porque “abandonados” suena muy dramático); a veces uno simplemente cambia de prioridades.

La diferencia es que ahora, cuando tengo un momento libre, puedo abrir una instancia y decir: tengo cinco minutos, ayúdame a avanzar esto, cuadra esta parte, mira este error, proponme una estructura. Puede pasar una hora, un día o hasta otro fin de semana, y cuando vuelvo pregunto “bueno, ¿en qué íbamos?”. Tal vez no avancé muchísimo, pero avancé, y eso para mí importa. Antes muchos proyectos se estancaban por la fricción de retomarlos: recordar el contexto, ubicar dónde había quedado, abrir el editor, revisar errores, buscar documentación. Ahora esa fricción baja muchísimo, la IA me ayuda a retomar, y a veces un paso pequeño sigue siendo un paso.

La IA como descarga cognitiva

Pero no todo es código. Uno de los usos más importantes para mí es la descarga cognitiva. Siempre he sido muy de apps de notas, y ahora mismo uso una que recomiendo bastante: Voicenotes. Ahí boto todo lo que estoy pensando (ideas, listas de tareas, journaling, reflexiones, pendientes), grabo notas de voz, las transcribe y después puedo interactuar con ellas usando IA.

Eso me ayuda a no estresarme, porque soy de las personas que, si tienen algo en la cabeza y no lo escriben, se quedan pensándolo 24/7: dejo de prestar atención a mi alrededor, no descanso, no lo suelto. Y si no lo anoto y se me olvida, ¿saben qué es lo peor? Que no se me olvida que se me olvidó algo. Eso no. Ahí empieza la tortura mental de “¿qué era? era importante, tenía que sentarme con eso, ¿qué era?”. Casi siempre logro recuperar la idea, pero el momento de frustración es horrible, así que prefiero descargarla rápido: grabarla, anotarla, dejarla en algún lado.

No sé si les ha pasado algo como esto: un domingo pienso “tengo que escribirle a mi amigo”. Pasa el lunes y en un momento libre vuelvo a pensar “uy, tengo que escribirle”. Llega el martes, voy entrando a una mentoría (donde el mentor soy yo) y, hablando con mi mentee de algo relacionado con ese amigo, me acuerdo de que todavía no le he escrito: “perdón, dame un momento, le voy a escribir ya mismo porque llevo con esta intención desde el domingo”. Eso es exactamente lo que quiero evitar. No es solo la tarea en sí, es la carga mental de recordar que tengo una tarea pendiente. Para eso, la IA, las notas de voz, las transcripciones y los recordatorios se volvieron indispensables.

Ya no hay vuelta atrás

Para mí la IA dejó de ser una curiosidad o una herramienta que uso “a veces”. Ya es parte de cómo trabajo, cómo me organizo, cómo pienso y cómo avanzo mis proyectos. No porque haga todo perfecto ni porque reemplace el criterio o le quite a uno la responsabilidad de seguir aprendiendo, sino porque reduce la fricción: me ayuda a empezar, a continuar, a descargar la cabeza y a convertir cinco minutos libres en algo útil.

Y una vez te acostumbras a eso, volver atrás se siente imposible. Sin IA ya no puedo trabajar ni vivir como antes. No hay forma.

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